Periodismo, ese oficio mal pago que se pierde

Un periodista que escribe una nota de 1.000 caracteres debería cobrar $22.250; un trabajador de prensa que tome a su cargo el manejo de tres redes sociales para una organismo público o un dirigente político tendría que ganar al mes entre $178.150 y $222.650.

Los valores están contenidos en el tarifario que rige este mes de marzo de 2024 y cuya elaboración está a cargo de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), integrantes del Sindicato Entrerriano de Trabajadores
de Prensa y Comunicación (Setpyc), periodistas, fotógrafos y graduadas y graduados de
la Licenciatura en Comunicación Social que se desempeñan en medios locales.

La realidad, claro, choca con lo posible.

Una licenciada en Comunicación Social graduada en la UNER, con 23 años de relación laboral «en blanco», cobra $200 mil al mes y eso la pone en el borde de la flexibilización: y por eso debe desempeñarse en otros tres trabajos para  cubrir los gastos diarios.

Otra trabajadora de prensa que se desempeña en un medio local cuenta: «Soy periodista y cobro $170.000 pesos. Trabajo todos los días, con francos semana por medio».

Los medios tradicionales desbarrancan en medio de una crisis brutal: los dos diarios de Paraná atraviesan un proceso de reconversión y conflictos con sus periodistas.

Como contó Entre Ríos Ahora, en Diario Uno de Entre Ríos se fueron en pocos días 11 periodistas y fotoperiodistas, y la Redacción quedó fuertemente desmembrada; en el otro matutino, El Diario, les adeudan dos meses de salario lo cual ha llevado a la adopción de medidas de fuerza, que llegaron al paro.

Hace diez días, los trabajadores de El Diario percibieron el sueldo de diciembre, y les cancelaron solo el 30% del sueldo anual complementario. Pero están sin cobrar enero, y en los próximos días vence el plazo legal para que les liquiden febrero.

El desbarranco en los medios tradicionales empuja a los sitios digitales, al monotributeo.

Además, quién va a contratar a un periodista si en el mercado ya aparecieron títulos supletorios.

El oficio se repliega y aparecen los «influencers», un neologismo que la mayor parte del tiempo alude a personas que tienen un manejo básico de redes sociales. El periodismo se torna así en espacio para postear historias de Instagram, «reels» o tuitear una foto.

El mercado impone ahora esas reglas.

La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren) convocó a una huelga en todo el país para este martes 5 ante la intransigencia de los empresarios de medios a discutir salarios en medio de una feroz devaluación de ingresos frente a la inflación. «Recomposición salarial ya!», dice la convocatoria del gremio.

Pero en los medios, los trabajadores, periodistas, fotógrafos, administrativos, batallan por la supervivencia: cómo sostener el empleo «en blanco» antes de pasar al ejército de monotributistas.

El mercado también quebró el espíritu colectivo, la agremiación, la solidaridad entre pares: es noticia que un grupo de obreros de una fábrica pierda sus puestos de trabajo; no es noticia cuando uno o varios periodistas o fotógrafos engrosan las estadísticas de los desocupados.

El periodismo, como oficio, dejó de interpelar la realidad, no se hace preguntas, no contextualiza: a veces, apenas cabe el reposteo de whatsapps, el pluriempleo y la atomización. Ahora, pavonearse con primicias, con «explicar cómo viene la rosca» o intentar columnas con cotilleos se parece bastante a una parodia de una profesión que tuvo grandes exponentes y que ahora suma errores ortográficos y problemas graves de sintaxis.

Y que tiene a sus trabajadores en caída libre.

En su discurso del viernes 1º, el presidente Javier Milei dijo ante el Congreso que va a cerrar la agencia de noticias Télam. Lo dijo como si nombrara un triunfo: tuvo aplaudidores.

En otros lugares, los cierres no se anuncian, se concretan.

 De la Redacción de Entre Ríos Ahora

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