'NACIONALISMO BANAL'

Federal - 3/7/2026 (foto con celular)

La relación entre nacionalismo y fútbol se manifiesta como un fenómeno de masas donde un simple partido se transforma en el escenario ideal para la representación, construcción y exacerbación de identidades nacionales
. En este espacio, los colores, los himnos y las banderas operan como poderosos símbolos que despiertan un fervor colectivo capaz de movilizar a sociedades enteras. 
La construcción de la identidad nacional en el campo de juego
Desde hace décadas, los estados y los grupos políticos han encontrado en el fútbol una herramienta invaluable para consolidar el imaginario de "patria". Los Mundiales de fútbol son el mayor exponente de esto, donde el éxito deportivo suele ser utilizado como sinónimo de superioridad cultural o política. El sociólogo argentino Pablo Alabarces ha explorado ampliamente cómo el discurso mediático deportivo llena vacíos de integración social, operando como una arena pública donde el nacionalismo se vive con una intensidad única. 
Los peligros del nacionalismo exacerbado
Por otro lado, llevar la pasión deportiva al extremo del nacionalismo chauvinista puede derivar en consecuencias negativas, como la xenofobia, la intolerancia y la violencia entre aficiones. En momentos de tensión política, los estadios pueden convertirse en trincheras ideológicas, donde el "otro" es visto como un enemigo más que como un rival deportivo.
El rol del mercado y la globalización
En la actualidad, los sistemas de comunicación global y la mercantilización del deporte han modificado la naturaleza de este vínculo. Hoy en día, los grandes ídolos futbolísticos no pertenecen a un solo país, sino que son figuras del espectáculo global. Esto genera una tensión entre el nacionalismo tradicional y la lógica del negocio del fútbol, donde las emociones patrióticas conviven permanentemente con intereses comerciales.

¿Es nacionalismo apoyar a la selección?

Se llama ‘nacionalismo banal’ a ese que está ahí pero que no se nota: las banderas en los balcones, las pulseritas rojigualdas, los himnos y desfiles o el fervor en Eurovisión o el Mundial de Fútbol



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