IRONÍA DEL DESTINO. Urribarri está preso en la cárcel que inauguró cuando fue gobernador

Soñar, con los ojos abiertos - Texto de Damián Zanini, abogado y docente, publicado en ANÁLISIS DIGITAL

El exgobernador Sergio Urribarri tuvo muchos proyectos frustrados, como cualquier ciudadano. Siempre se recuerda aquel “Sueño Entrerriano” mediante el cual se veía como futuro Presidente de la Nación. Es posible que sus premoniciones también le hayan jugado una mala pasada ante la Justicia, porque nunca imaginó que terminaría alojado en la Unidad Penal que él mismo construyó durante su gestión de gobierno.

Las placas de bronce y los mármoles autogestionados son un arma de doble filo porque perduran en el tiempo y tienen demasiada memoria. Es penoso para la tierra de Pancho Ramírez, de Urquiza y de tantos otros, ver esa imagen en los medios nacionales recordando la inauguración de la Granja El Potrero de Gualeguaychú en los tiempos de esplendor del urribarrismo. 

“Qué lindo que es soñar, con los ojos abiertos; qué lindo que es soñar, estando bien despierto…” dicen el estribillo de una conocida canción del cantautor Kevin Johansen. Los sueños han inspirado infinidad de obras musicales, teatrales, pictóricas, literarias, en fin, podríamos decir que sin ellos la vida de los artistas sería muy limitada. Incluso se ha trabajado mucho sobre el tema a nivel psicológico y psiquiátrico para determinar sus funciones y significados entre otras cosas. En un plano más prosaico más de uno se ilusiona jugándole al catorce, quizás porque en alguna reunión con amigos esa noche bebió demasiado. Todo forma parte de los derechos adquiridos por el imaginario colectivo, con o sin fundamento científico. También en la antigüedad se asignaba especial importancia a lo mágico como los Oráculos y Augures que podían leer señales para vaticinar lo que ocurriría en el futuro. El mismo Emperador Julio César confiaba en la suerte de sus soldados como un factor determinante.

Pero en el mundo de la política actual hay que ser muy cuidadoso con esta cuestión, sobre todo quienes ejercen funciones de máxima responsabilidad. La gestión pública exige decisiones permanentes ajustadas a derecho, y teniendo como objetivo el bien común. No debemos pensar qué es lo mejor para mí, sino qué es lo mejor para la sociedad.

Sin perjuicio del valor estético que representan, algunos sueños se han convertido en pesadillas para figuras conspicuas de la dirigencia nacional. Los tristemente célebres “Sueños Compartidos” de los hermanos Schoklender terminaron como tantas otras causas en una condena penal. Claro, el problema fue que se compartía poco y nada. En lugar de destinar los recursos asignados a las viviendas de gente necesitada, iban a parar a algún bolsillo insaciable, igual que aquellos de los viejos payasos de circo que parecían no tener límites.

Es sabido que cuando el barco que se hunde todos lo abandonan despavoridos en busca de un salvavidas. Nos hemos malenseñado con los resultados del fútbol: un penal en la final del campeonato puede significar la gloria o Devoto. Si se gana es todo fiesta, se blanquean muchas macanas, incluso se puede decretar feriado nacional; ahora si la pelota se va afuera “agárrate Catalina”. Empiezan los reproches, la búsqueda de responsables, y las teorías conspirativas. Desde luego que el manejo de dineros públicos no es un juego.

De igual modo cuando algún político cae en desgracia sus propios aliados toman distancia, y hasta comienzan a ensayar algún consejo tardío. De a poquito se van despertando de la pesada siesta luego de la festichola.

El exgobernador Sergio Urribarri tuvo muchos proyectos frustrados, como cualquier ciudadano. Siempre se recuerda aquel “Sueño Entrerriano” mediante el cual se veía como futuro Presidente de la Nación. Es posible que sus premoniciones también le hayan jugado una mala pasada ante la Justicia, porque nunca imaginó que terminaría alojado en la Unidad Penal que él mismo construyó durante su gestión de gobierno. “Soñar no cuesta nada más que tiempo…” continúa diciendo el tema de Johansen; es verdad, en este caso al contribuyente le ha costado mucho tiempo, pero además fortunas incalculables.

Las placas de bronce y los mármoles autogestionados son un arma de doble filo porque perduran en el tiempo y tienen demasiada memoria. Es penoso para la tierra de Pancho Ramírez, de Urquiza y de tantos otros, ver esa imagen en los medios nacionales recordando la inauguración de la Granja El Potrero de Gualeguaychú en los tiempos de esplendor del Urribarrismo. No por la obra en sí, que de hecho fue muy buena, sino por el destino infausto de quien fuera nuestro primer mandatario. Al margen de la sensación periodística de una foto viralizada, es más triste todavía el saqueo bochornoso que se ha cometido a “una de las mejores provincias de América” al decir del Fundador de Pueblos Don Tomás de Rocamora. Todos los gobernantes tienen derecho a soñar, pero si lo hacen con los ojos abiertos, será mucho mejor.


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