Las únicas dos certezas del día después de las elecciones

El dólar y la inflación seguirán en alza, pero el ritmo al que lo hagan es la gran incógnita que, en parte, depende del resultado del domingo.

16/10/2023 18:51

Apenas dos cosas se saben con certeza del 23 de octubre, día posterior a las elecciones: el dólar y la inflación seguirán en alza. Gane quien gane y caiga quien caiga. Es así, aunque al afirmarlo se corra el riesgo de que al presidente Fernández esto le suene a “intimidación pública” y plante una denuncia.

No hace falta ser clarividente para tal presagio. Ni economista, claro. Alcanza, primero, con ver las herramientas con las que el ministro-candidato Sergio Massa ha intentado hacerles frente a esos problemas en el año largo que lleva en el cargo. Y los resultados obtenidos, obvio.

Porque la amenaza de meter presos a quienes compren dólares blue -e incluso hacer cerrar una cueva- es a la cotización de la divisa el equivalente del programa Precios Justos a la inflación. Ni cosquillas.

Segundo, la famosa primera ley de Newton: cualquier objeto que está quieto o en movimiento se va a mantener igual, a menos que aparezca otro objeto o fuerza que lo mueva o lo haga cambiar de posición. Más conocida como la inercia, trasladada a la economía significa que, si los precios del dólar y de los bienes en general vienen acelerando, no van a frenar solos.

En los casi cuatro aciagos años que lleva de gestión, Alberto Fernández acumula 744% de inflación, casi el triple del ya desgraciado 260% que había sumado Mauricio Macri. Massa entró al Ministerio de Economía con una inflación mensual del 7,4% en julio de 2022. En septiembre pasado llegó a 12,7%, el número más alto en 32 años.

El dólar, por su parte, se movía entre los $290 y los $300 cuando el postulante a presidente del oficialismo ocupó el Ministerio de Economía. Ahora ronda, sin mucho convencimiento de quedarse quieto, los $1000.

Esto no fue magia: es el resultado concreto de una mala política económica sostenida en el tiempo, basada principalmente en la emisión sin fin para solventar un exagerado déficit fiscal y un nivel artificial de consumo.

La enorme incertidumbre que existe sobre cuál será el resultado electoral agrega, paradójicamente, certeza al pronóstico de la suba de precios. El escrutinio final puede servir de hecho como leña al fuego.

Con una excepción: si Javier Milei gana en primera vuelta está la posibilidad de que más que leña sea un camión cisterna con nafta.

En ese caso, a un gobierno vacío de poder y de propósito, con un ministro-candidato fracasado y responsable de rebalsar de inservible platita la calle, se le sumaría un mes y medio de espera para el recambio presidencial, demasiado tiempo para un país lleno de urgencias.

Tanto gente cercana al oficialismo como al libertario estiman que el dólar podría ubicarse rápidamente, y como mínimo, entre los $1300 y los $1400, una corrida que se trasladaría inmediatamente a los precios. Ni hablar si Massa regala una devaluación. De ahí hay un paso a la hiperinflación, opción desastrosa para todos… salvo para la dolarización mileísta.

De todos modos, es más probable que el domingo próximo depare un balotaje entre Milei y Massa o entre Milei y Patricia Bullrich, un escenario que en la última semana se hizo más factible, tras el buen segundo debate de la candidata cambiemita y los tropiezos que afectan al oficialista.

De ser así, habrá un mes de espera hasta la segunda vuelta. Otro lapso lleno de incertidumbre.

Ante semejante panorama, habla del nivel de la política que a ninguno de los candidatos se le haya ocurrido proponer una declaración conjunta para garantizar, o al menos intentarlo, una transición responsable cualquiera sea el resultado. Que el dólar y la inflación suban, pero que no exploten.

Abróchense los cinturones (ajustados ya los tenemos).


Sobre la firma

Pablo Vaca
Pablo Vaca

Secretario de Redacción. Editor Jefe.

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